El tabaco y el alcohol, los grandes enemigos de nuestros dientes.

El tabaco y el alcohol perjudican la salud bucal.

Fumar y beber con frecuencia, sabemos que no es bueno para los dientes. Pero, ¿conocemos, en realidad, todo el daño que estos hábitos provocan en nuestra boca? Yo diría que no. Yo que he sido fumador durante años, desconocía muchos datos que he descubierto para preparar este artículo y que a continuación voy a compartir contigo. Estate atento. Cuando un dentista te propone dejar de fumar y moderar el consumo de alcohol no lo hace por capricho.

Durante muchos años me sentía un poco ofendido por los anuncios que ponen en las cajetillas de tabaco. Esos que rezan mensajes como: “fumar puede matar al hijo que esperas”.

En lo que se refiere a la salud bucal, recuerdo una imagen que se me quedó grabada en la memoria: una boca ennegrecida, a la que le faltaban dientes y las muelas estaban como carcomidas.

“Esto es terrorismo informativo” – pensaba. La verdad es que las imágenes y los eslóganes escogidos son bastante sensacionalistas. Pero el daño que causa beber alcohol y fumar para la boca es devastador. Los fumadores y bebedores habituales no nos damos cuenta.

Dicen que fumar y beber es una muerte lenta para el cuerpo. Llegado a un nivel de consumo frecuente y prolongado en el tiempo, estos hábitos son una degradación rápida para la boca. La erosión de los dientes y los tejidos blandos circundantes se produce con demasiada rapidez.

Se suceden las caries agresivas, aparece la hipersensibilidad dental y hasta vemos como los dientes se nos caen.

Cuando fumaba, tuve una novia que no quería besarme. Decía que darme un beso en la boca era como pasar la lengua por un cenicero. Yo le decía: – Ande, no seas exagerada. Con el tiempo pensé que si de verdad mis besos eran tan desagradables, algo malo debía estar sucediendo en la boca.

¿Por qué fumar es malo para los dientes?

El Colegio de Higienistas de Madrid señala que fumar es altamente pernicioso para los tejidos blandos de la boca: las encías, la lengua, el paladar, los labios.

La boca es la entrada para el humo de tabaco en nuestro cuerpo. Todos los agentes contaminantes del tabaco pasan por allí y una gran parte de ellos se queda en la boca.

La periodontitis es la enfermedad bucal principal entre los fumadores. Estas son bolsas de bacterias que se forman en el interior de la encía y que infectan a la encía por dentro, al tiempo que erosionan la parte sumergida de los dientes y el hueso alveolar que lo sujeta.

El humo de tabaco produce una irritación en el tejido gingival. La parte superior de la encía que recubre el diente. Esto hace que se abra una grieta por donde penetra la placa bacteriana y los agentes contaminantes del tabaco.

El tabaco reduce el riego sanguíneo y hace más viscosa la sangre. Lo que dificulta que llegue hasta las encías para reparar el daño hecho. Por esta razón, el tabaco provoca una desmineralización del hueso alveolar. Llegando un momento en el que se desgasta de tal manera, que la pieza dental se cae.

La probabilidad de sufrir periodontitis es 2,5 veces superior entre los fumadores que entre los no fumadores. Es un riesgo persistente. Las bolsas bacterianas dentro de la encía se pueden volver a formar un año después de haber realizado un tratamiento de periodoncia.

Otra situación en la que el tabaco es altamente pernicioso para las encías es cuando nos han colocado un implante dental. El humo de tabaco dificulta que la herida abierta para poner el implante cicatrice. Este humo retrae la encía y facilita que las bacterias penetren dentro. Llegando a infectar los tejidos que rodean al implante.

El consumo habitual de tabaco produce un ambiente contaminado permanente que crea las condiciones propicias para que aparezcan y se desarrolle el cáncer de boca, el cáncer de lengua y el de garganta.

¿Por qué es malo el alcohol para los dientes?

El blog de Lacer, una marca conocida de productos de higiene dental, indica que el consumo de alcohol provoca una disminución en la segregación de saliva, lo cual genera una mayor concentración de bacterias.

La sequedad bucal es una consecuencia directa del consumo de alcohol. Al tener menos saliva, tenemos dificultad para masticar los alimentos y para tragarlos.

El alcohol provoca caries, ya que las bebidas alcohólicas tienen una alta concentración de azúcar. Por su textura, la ingerimos en un estado pastoso, lo que facilita que se adhieran a los dientes.

El alcohol potencia el efecto de las bebidas azucaradas. No es una suma, es una multiplicación. Los famosos cubalibres, en los que mezclamos whisky con Coca-Cola o ron con un refresco de limón, son más perjudiciales para los dientes que si bebiéramos las bebidas por separado.

Muchas bebidas alcohólicas tienen un pH ácido, el cual desgasta el esmalte dental. Estamos hablando de bebidas como la cerveza, el vino blanco o la sidra. Esto hará que nuestros dientes sean cada vez más débiles y más sensibles a los cambios de temperatura. La popular hipersensibilidad de dental.

El consumo excesivo de alcohol puede acarrear vómitos y reflujos. Estos son ácidos y bacterias que proceden de nuestro estómago y se vierten a tropel en la boca. El efecto de estos ácidos acelera el desgaste del esmalte dental y aumenta la concentración de bacterias.

La ingesta habitual de alcohol también provoca periodontitis. En muchos países, más del 80% de las personas que consumen alcohol con frecuencia presentan enfermedades en las encías.

El consumo crónico de alcohol es un factor de riesgo del cáncer de boca. Los bebedores habituales tienen 6 veces más probabilidades de contraer esta enfermedad que los no bebedores.

Para todos estos problemas bucales que estamos hablando no hace falta ser un alcohólico. Solo con beber cerveza todos los días con los amigos después del trabajo ya nos predispone a sufrir estas enfermedades.

¿Por qué se debilitan los dientes?

En su blog, la Clínica Dental Smile Line, una clínica dental de Villaverde, que lleva más de 10 años trabajando en este barrio de Madrid, relata cómo los profesionales de este centro se encuentran cada vez con más clientes preocupados porque sus dientes se vuelven más débiles y sensibles con los años.

Esto quiere decir que notan que dada vez les cuesta más masticar alimentos duros, que es más fácil que los dientes se astillen o se rompan o que sienten dolores agudos al tomar una bebida fría o comer un helado.

Aunque no podemos afirmar que la causa de este debilitamiento sea fumar y beber, sí es un factor que influye.

El debilitamiento de los dientes se puede deber a diversas causas: mala higiene dental, bruxismo, caries avanzadas, envejecimiento natural. Lo que sucede con el tabaco y el alcohol es que actúan como potenciadores de estos efectos.

Otras causas del debilitamiento dental aumentan el impacto de los daños al actuar en un entorno contaminado por el consumo de tabaco o con la sequedad bucal propia de la ingesta de alcohol.

Hemos estado hablando a lo largo del artículo de enfermedades como la periodontitis o el cáncer, pero con frecuencia, lo que nos pone en sobre-aviso son pequeños detalles como que nos cuesta comer turrón duro o que un diente se nos mueve.

En la salud de nuestra boca todas las cosas suman o restan. Y desde luego, fumar y beber con regularidad resta.

Lo que se esconde detrás de la halitosis.

Otra de las características de un fumador y/o bebedor habitual es el mal aliento. La halitosis.

Tener mal aliento, aparte de que es desagradable, suele esconder problemas de salud más graves. La halitosis, por tanto, no nos la deberíamos tomar como un rasgo inherente a nuestra persona o a nuestra condición. Somos fumadores y, por tanto, nos huele el aliento. Si no como una señal. Un aviso.

En el tema que nos atañe, que es la relación del tabaco y el alcohol con la salud bucal, el mal aliento suele ser un síntoma de una periodontitis avanzada. Las bolsas de placa bacteriana que se han alojado entre el diente y la encía están infectando tejidos blandos o descomponiendo el hueso alveolar.

Esto produce una reacción química que desprende mal olor. Un olor que se traspasa a la cavidad bucal. No es un tema menor, puesto en ocasiones, este olor pestilente refleja la putrefacción de ciertas zonas internas de la encía.

La halitosis, en el caso de los bebedores, puede obedecer a reflujos gástricos. Problemas en el aparato digestivo derivados del consumo de alcohol. Algunos bebedores que sufren este problema con frecuencia llegan a desarrollar una gastritis. Una inflamación de la mucosa que recubre las paredes del estómago.

En los fumadores, la halitosis puede ser un síntoma de una infección en la garganta, en los senos nasales o en la nariz.

Desde luego, si el mal aliento es algo que nos acompaña, no deberíamos dejarlo pasar. Tendríamos que comunicárselo a nuestro médico. Seguramente dejar de fumar y beber sea una de las medidas que nos proponga.

Comparte

Facebook
Twitter
LinkedIn
Pinterest

Mas articulos

Artículos populares

Comparte

Facebook
X
LinkedIn